Originarios del valle del Hudson, en el estado de Nueva York, Mindforce se labraron una sólida reputación en el hardcore gracias a una mezcla contundente de potencia y groove. Excalibur, aparecido en 2018, se impone como uno de los hitos de su discografía y confirma el lugar de la banda entre las formaciones más respetadas de su generación. El disco conjuga la agresividad del hardcore con una clara influencia del metal, en un sonido espeso y tallado para el movimiento de la multitud que apenas concede respiro.
El matrimonio del hardcore y el metal
Lo que distingue a Mindforce es esa capacidad de integrar elementos tomados del thrash y del metal sin renegar jamás de sus raíces hardcore. Los riffs son incisivos, a menudo construidos en torno a ganchos pegadizos, y la rítmica alterna aceleraciones brutales y partes más pesadas, talladas para el pit. Esa hibridación confiere al disco una riqueza y un nervio que lo distinguen de una producción a veces más monolítica. Se percibe a músicos cómodos en ambos mundos, capaces de pasar de uno a otro con una fluidez impresionante. Los solos y las armonías de guitarra, destilados con parquedad, recuerdan el amor de la banda por el metal sin desviarla jamás de su objetivo primero: hacer mover los cuerpos. Ese equilibrio entre virtuosismo contenido y eficacia bruta constituye la firma de la banda.
Un sentido del estribillo
Más allá de la brutalidad, Excalibur brilla por su eficacia temible. Los temas están pensados para marcar, con motivos memorables y breakdowns colocados en el momento justo. La voz, potente e inteligible, martillea letras que cultivan una imaginería combativa y un orgullo sin complejos. Esa dimensión inmediata, casi de himno, contribuye enormemente al atractivo del disco y explica el fervor que suscita en directo. Pocas bandas son capaces de aliar semejante pesadez con semejante sentido del gancho.
Un valor seguro
Sería exagerado presentar Excalibur como una revolución del género. El disco se inscribe en una tradición bien establecida y respeta sus códigos, sin buscar alterarlos. Pero lo hace con un dominio y una convicción que imponen respeto. Cada tema está calibrado con esmero, cada transición pensada para mantener la intensidad. Ese rigor, aliado a una energía bruta, hace del álbum un objeto particularmente satisfactorio para quien busca un hardcore pesado, con groove y sin tiempos muertos.
Al final, Excalibur confirma el estatus de Mindforce como una de las referencias del hardcore contemporáneo. Sin reinventar la fórmula, la banda la lleva a un alto nivel de ejecución y entrega un disco coherente, potente e inmediatamente eficaz. Los amantes del hardcore metálico hallarán aquí su lugar, seducidos por esa alianza de brutalidad y groove que es la seña de identidad de la banda. Un disco tallado para el escenario, que alcanza toda su dimensión una vez defendido ante un público en fusión.





