Sanguisugabogg apareció en el cambio de los 2020 como uno de los nombres más estridentes de la nueva escena death metal estadounidense. Originaria de Ohio, la banda cultiva un death metal resueltamente regresivo —lento, viscoso, con groove— nutrido de un humor gore y de una estética voluntariamente vulgar que contrasta con la seriedad del género. Homicidal Ecstasy, aclamado por la crítica (79 de media sobre seis reseñas), confirma esa identidad asumida.
Lo que la prensa retiene es la pesadez gozosa de la cosa. Sanguisugabogg no apuesta por el tecnicismo sino por el groove espeso, por esos riffs arrastrados que doblan la nuca, por esos growls guturales salidos directamente de los pantanos. Es un death metal del placer inmediato, sin pretensión y sin complejos.
Musicalmente, la producción, espesa y fangosa, sirve a la perfección ese propósito. La banda alterna las ralentizaciones sludge y las aceleraciones brutales, en una dramaturgia eficaz que privilegia el impacto visceral. Se percibe la herencia del slam y el brutal death, revisitada con una despreocupación del todo contemporánea.
El disco no escapa, sin embargo, a cierta monotonía: a fuerza de apostar por el mismo registro viscoso, acaba dando vueltas, y su humor gamberro cansará a quienes buscan más profundidad. Es un placer culpable más que una obra memorable.
Veredicto: 8/10. Un disco mugriento, pesado y regocijante, que asume plenamente su estupidez alegre. Death metal sin pretensión, pero endiabladamente eficaz.



