Existe en Insomnium una gravedad que solo a ellos pertenece. Desde finales de los 90, el cuarteto finlandés cultiva un death metal melódico en el que la velocidad y la furia ceden gustosos el paso a la contemplación, a la nostalgia, a ese sentimiento nórdico de melancolía. Anno 1696, octavo álbum acompañado de un relato escrito por el bajista Niilo Sevänen, ofrece su expresión más lograda en años.
La crítica, seducida (82 de media sobre ocho reseñas), celebra una obra conceptual que esquiva los escollos del género. Ambientado en una Finlandia del siglo XVII roída por la hambruna y los procesos por brujería, el disco teje un relato sombrío que la música abraza con notable justeza. Se elogia la amplitud de los arreglos, la belleza de las melodías de guitarra, el equilibrio entre agresión y lirismo.
Musicalmente, Insomnium domina el arte de la tensión creciente. Los trémolos glaciales, las armonías gemelas heredadas de la escena de Gotemburgo, los vuelos casi cinematográficos se conjugan con un growl cavernoso y algunos pasajes limpios juiciosamente ubicados. La producción, cristalina sin ser aséptica, sirve esa ambición narrativa.
El disco no siempre escapa a cierta uniformidad de clima: a fuerza de cultivar el mismo tinte crepuscular, Insomnium corre el riesgo de cansar al oyente poco dado a la melancolía. Los temas, largos y densos, exigen una escucha atenta y no se entregan a la primera. Es el precio de una obra exigente.
Veredicto: 8/10. Un disco rico e inmersivo, que confirma a Insomnium entre los maestros del death metal melódico contemporáneo. Un fresco para saborear con el tiempo.



