Rivers of Nihil, formado en Pensilvania a principios de los 2010, ya había sorprendido a propios y extraños al deslizar un saxofón en el corazón de su death metal técnico. The Work, su cuarto álbum, lleva aún más lejos esa hibridación, hasta el punto de difuminar las fronteras entre brutalidad e introspección. Es el disco de una banda que se niega a dejarse encerrar en los códigos del género.
La crítica (83 de media sobre ocho reseñas) celebra esa toma de riesgo. Se elogia la audacia de una escritura que alterna oleadas death metal, planos atmosféricos, canto limpio melancólico y fulgores jazz. La banda asume una gravedad nueva, casi desencantada, que contrasta con la furia de sus inicios.
Musicalmente, The Work es un disco de texturas y transiciones: las guitarras se espesan y luego se desvanecen, el saxofón surge como un rasgón de luz, la producción abre vastos espacios donde el oyente puede perderse. Es un death metal contemplativo, más atento a la atmósfera que al impacto inmediato.
Esa ambición tiene su contrapartida: de tanto estirar sus temas y multiplicar las rupturas, el disco pierde a veces en filo lo que gana en profundidad, y ciertas transiciones parecen más cerebrales que orgánicas. La apuesta, no obstante, se cumple con creces.
Veredicto: 8/10. Un disco valiente y singular, que ensancha sin complejos el campo del death metal progresivo.



