Partiendo de un stoner metal masivo y terrenal, los estadounidenses de Elder no han dejado, disco tras disco, de elevarse hacia territorios más aéreos. Lo que al principio era solo cuestión de riffs pesados se ha mudado en un rock progresivo de una riqueza armónica llamativa. Innate Passage corona esa metamorfosis: cinco largas composiciones que despliegan un viaje sonoro de una luminosidad poco común.

La crítica (84 de media sobre ocho reseñas) celebra un disco de una madurez deslumbrante, donde la banda asume plenamente su dimensión progresiva sin renegar de sus raíces. Los riffs siguen ahí, pero envueltos en teclados vintage, melodías entrelazadas, arreglos que evocan tanto el krautrock como el rock de los 70.

Lo que seduce es el sentido del movimiento. Cada tema es un recorrido, una sucesión de paisajes que se encadenan con una fluidez notable. Elder no busca la agresión sino la elevación, esa sensación de ingravidez que procuran los mejores discos psicodélicos.

Se lamentará quizá que esa búsqueda de la belleza se haga al precio de cierta pérdida de mordiente: los aficionados al Elder de los inicios, más áspero, podrán encontrar el conjunto demasiado pulido, casi contemplativo. La potencia ha cedido su lugar a la gracia.

Veredicto: 8.5/10. Un disco suntuoso y generoso, que confirma a Elder como una de las formaciones más inspiradas de un rock progresivo moderno y solar.