Autopsy pertenece a la primera generación del death metal, la que, a finales de los 80, inventó el género en toda su mugre y morbidez. La banda californiana, liderada por el batería y cantante Chris Reifert, nunca ha buscado la respetabilidad ni el tecnicismo: cultiva un death metal sucio, malsano, impregnado de doom y gore. Ashes, Organs, Blood and Crypts, aclamado por la crítica (81 de media sobre siete reseñas), prolonga fielmente ese credo.
El disco es un festín de morbidez. Los riffs, a la vez primitivos y retorcidos, alternan las aceleraciones furiosas y las ralentizaciones doom que conforman toda la firma de Autopsy. La voz de Reifert, gorgoteante e histérica, desgrana un rosario de horrores con un gozo contagioso. Nada ha cambiado, y ese es precisamente el propósito.
La crítica celebra esa fidelidad intransigente, esa manera de preservar una estética intacta desde hace más de treinta años. La producción, voluntariamente mugrienta, restituye la atmósfera de sótano húmedo cara a la banda. Es death metal a la antigua, sin concesiones, tallado para los amantes del género en su forma más bruta.
El reverso, previsible, es una cierta falta de renovación: Autopsy hace lo que hace desde siempre, y no le añade nada nuevo. Los temas, numerosos, acaban por parecerse, y el conjunto habría ganado con ser más ceñido. La fórmula, por sabrosa que sea, gira un poco en círculos.
Veredicto: 8/10. Un disco pútrido y fiel, que hará las delicias de los amantes del death metal old school. Sin sorpresa, pero de una constancia que impone respeto.



