Pyrrhon ocupa, en el death metal contemporáneo, una posición de vanguardia reivindicada. La banda neoyorquina se ha hecho campeona de un death metal disonante, desestructurado, donde la influencia del free jazz y el noise rivaliza con la brutalidad pura. Exhaust, aclamado por la crítica (84 de media sobre nueve reseñas), lleva esa estética de la sobrecarga a su punto de ruptura, ganando a la vez en claridad.

El disco toma por tema el agotamiento —el del cuerpo, el del mundo, el del capitalismo tardío— y su música asume esa lógica: saturada, densa, sofocante. Las guitarras escupen disonancias angulosas, la batería se desboca en polirritmias imposibles, la voz de Doug Moore vomita un torrente de rabia lúcida. Es un death metal que piensa, que comenta, que rechaza la comodidad de la fórmula.

La crítica celebra la manera en que Exhaust canaliza ese caos aparente. Pues bajo el desorden aflora una escritura rigurosa, casi científica en su disposición. Los temas, tortuosos, reservan respiraciones noise, pasajes casi con groove que hacen el conjunto más legible que en el pasado sin quitarle nada de su violencia.

Esa exigencia tiene su reverso: Exhaust no se entrega con facilidad, y su aridez repelerá a los amantes de un death metal más frontal. El disco exige atención, paciencia, una forma de abandono. No todos consentirán en ello.

Veredicto: 8.5/10. Un disco cerebral y furioso, en la punta de un death metal que se niega a repetirse. Una obra de una inteligencia poco común, tan extenuante como estimulante.